22 de Febrero, 2012





Misión Gula de Miro Popic
Curiosidades gastronómicas del poder
16-01-12

No sabemos qué comió ni quién le cocinó a Mahmoud Ahmadinejad cuando estuvo en Caracas estos días, invitado por nuestro presidente en momento difíciles para el gobierno de Irán. Antes de ser presidente ocupó el cargo de alcalde de Teherán y tenía por costumbre comer en su oficina la comida que traía de su casa. Cuando llegó al poder en el 2005, un periodista que lo entrevistó le preguntó si aún mantenía esa costumbre. Sorprendido, Ahmadinejad respondió que sí, que continuaba con ella y agregó: “¿Qué tiene de malo que uno quiera comer la comida que le cocina su mujer?”. Más que eso, es probable que temiera ser envenenado, manía frecuente que persigue a los que se creen imprescindibles en el poder.

Primer Plato
Entre las curiosidades que uno encuentra cuando indaga sobre la comida y los poderosos, se encuentra con cosas realmente sorprendentes, increíbles y bastante estúpidas, en la mayoría de los casos. Vean esto. Kim Jong-Il, el “amado líder” de Corea del Norte que acaba de fallecer, creo en 1970 un instituto de salud al que bautizó con el nombre de su padre, el camarada Kim Il-Sung. El objetivo era realizar investigaciones para encontrar la manera de que Kim tuviera una larga y saludable vida. Entre las recomendaciones del instituto hubo una en la que sugerían que comiera penes de perro que tuvieran al menos siete centímetros de largo. No sabemos si lo hizo o no, pero obviamente no le funcionó pues murió, luego de haber sufrido una apoplejía, a los 69 años mientras su padre duró 82 años.
Entre los políticos es muy conocida y citada una frase del presidente de Francia Charles de Gaulle, quien en 1962 dijo, refiriéndose a la situación francesa, “¿cómo se puede gobernar un país que tiene 246 variedades de quesos?”. Lo que pocos saben es que once años antes había hecho el mismo comentario pero con la cantidad de 265 quesos. Wiston Churchill, al comienzo de la Segunda Guerra Mundial, refiriéndose a Francia, dijo que “un país que produce casi 360 tipos de quesos no puede morir”. Resumía en ella el orgullo francés de tener un queso diferente para cada uno de los 365 días del año. ¿Cuántos son en realidad? Los últimos datos gastronómicos hablan de más de 450 variedades de queso francés.

Segundo Plato
Los norteamericanos tienen fama de no ser grandes gastrónomos y cargan el karma de haber inventado el fast food, lo cual no es rigurosamente cierto. Entre las curiosidades que encontramos con la comida y los políticos, hay de todo un poco.
John F. Kennedy fue invitado a un desayuno en Fort Worth, Texas, en noviembre de 1963, donde le sirvieron huevos, tocino, tostadas con mermelada, jugo de naranja y café, en lo que sería su última comida. Cinco horas después murió asesinado y no llegó a almorzar. A Kennedy no le importaba mucho lo que comía no así a su esposa Jackie, quien introdujo muchos cambios en su corta pasantía por la Casa Blanca. En las recepciones oficiales el menú se imprimía en francés y cuentan que en la primera cena privada que ofreció, recibió a sus invitados con una fuente de cristal sobre hielo en la que había diez libras de caviar beluga. Su cocinero era el chef francés René Verdom. Ella bebía sólo champagne rosé y no voy a decir la marca para que no agoten la existencia local los poderosos bolivarianos de hoy.
Fueron los Clinton quienes llevaron nuevamente la cocina norteamericana a las preferencias presidenciales. Gracias a la presión de varios chefs locales, encabezados por Alice Waters, propietaria del renombrado restaurante Chez Panisse de Berkeley, California, implantaron un menú netamente nacional con ingredientes orgánicos y sólo servían vino de Estados Unidos. A Hillary le encantaba ver películas con un gran cono de cotufas bañadas en mantequilla.

Tercer Plato
De todos los presidentes norteamericanos al que más le importaba la comida y el vino era Thomas Jefferson. Escribió la primera receta de helado norteamericano cuyo original se encuentra en la Biblioteca del Congreso; viajó a Europa en 1780 para observar qué comía la gente común y quedó maravillado con unos higos que probó en Marsella, en Holanda probó los waffles y se llevó una plancha para prepararlos en casa, cuando estuvo en Parma observó la elaboración del queso parmesano y escribió un detallado relato de su elaboración, sobre los vinos tintos alemanes no tuvo más que dos palabras, dijo que eran “absolutamente horribles”.
Cuando a Abraham Lincoln le sirvieron una bebida caliente llamó al mesonero y le dijo: “si esto es café, entonces tráigame te. Y si esto es te, entonces tráigame café”.

Postre
No sé qué comerán los precandidatos de la unidad pero todos lucen en plena forma, se ven saludables y, salvo Diego Arria, irradian juventud. Pablo Pérez es el más fornido pero ya rebajó. Va a costar decidirse por cuál votar el próximo 12 de febrero y el que salga elegido hará temblar a más de un gordo que anda por ahí.




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