17 de Enero, 2018





Misión Gula de Miro Popic
Los mangos de Simón Bolívar y Margarita de Petare
15-07-16


Bolívar sí como mangos

Una vez más el mango en nuestra historia vuelve a ser noticia, esta vez en boca del pueblo mismo, con una frase lapidaria que estremece y avergüenza: “Cuando se acabe el mango me voy a morir de hambre”. Se lo dijo Margarita, en la carretera Petare-Santa Lucía, al periodista Daniel Blanco, quien publicó en Contrapunto un excelente trabajo sobre la alimentación de los que no tienen con qué. Ella no lo sabe, pero hace unas cuatro décadas un ex presidente colombiano que visitó el país invitado por Rómulo Betancourt, expresó la idea de que en Caracas nadie se muere de hambre. “¿Por qué?”, le preguntó Betancourt. “Porque la comida aquí está en las calles”, fue la respuesta, señalando las generosas matas de mango que existían en las avenidas de la urbanización La Florida, cargadas de frutos en plena temporada. En el intertanto, otro colombiano residenciado en Caracas, futuro Premio Nobel de literatura, Gabriel García Márquez, escribió en su novela sobre Bolívar que el Libertador nunca llegó a probar el generoso néctar que nos llegó de la India en las postrimerías de la colonia.

Plato único
Por años se sostuvo que Bolívar no pudo haber probado nunca un mango, por la sencilla razón de que esta fruta, originaria de Ceylán, fue introducida en el país en el siglo XIX, después de la batalla de Carabobo que selló nuestra independencia. Intelectuales serios y respetables como Lisandro Alvarado, Henry Pittier, Arturo Uslar Pietri, Vinicio Romero, etc., sostuvieron esta tesis y así se construyó, ingenuamente, un falso positivo que perduró por años. Incluso hubo una muchacha, que hoy debe ser una señora, que se ganó un premio en el diario El Nacional por un cuento que escribió en el que relataba la tristeza del Libertador por no haber conocida la apreciada fruta. Muchos lo creímos así, a pesar de que ya en 1800 Alejandro de Humboldt, en su libro Viaje a las Regiones Equinocciales, daba cuenta del hecho de haber visto grandes cantidades de árboles de mango en Guayana, especialmente en la hacienda de Félix Farreras.
Las primeras luces esclarecedoras de la llegada del mango a Venezuela las encendió el historiador Pablo Ojer, en un escrito publicado en El Diario de Caracas, en 1991, donde asegura que el mango fue traído a Venezuela por el navegante Fermín de Sancinenea, en 1789, posiblemente desde la isla de Trinidad, a donde, a su vez, había llegado de Barbados o Jamaica, completando su penetración continental iniciada años antes en Brasil, a donde la llevaron navegantes portugueses luego de tocar costas de Angola, en África.
Sancinenea le explicó a su jefe, el ministro español Antonio Valdés, en una carta fechada el 29 de abril de 1789, que había sembrado en Angostura, actual Ciudad Bolívar, canela, nuez moscada, clavo de olor, pimienta de Castilla y mango. Las semillas las había traído de Cayena, que en esa época pertenecía a Francia, a donde habían llegado a la isla de Trinidad desde tierras tan lejanas. En otro documento del 27 de mayo de 1795, enviado a Carlos IV, se anexan las certificaciones que avalan la introducción de la planta en tierras guayanesas.
Cuando se sembró el primer mango en el país, Bolívar tenía unos seis años de edad. Veintiocho años después, las matas de mango habían proliferado por todo Angostura y Guayana y es muy probable, casi seguro, que tuvo oportunidad de probar la fruta en algún momento de su permanencia a orillas del Orinoco. Fue en Angostura también donde Simón Bolívar sentenció: “Nada es tan peligroso como dejar permanecer largo tiempo en un mismo ciudadano el poder. El pueblo se acostumbra a obedecerle y él se acostumbra a mandarlo; de donde se origina la usurpación y la tiranía.” Y la escasez y el desabastecimiento, agregamos nosotros.
En cocina, el mango se aprovecha verde o maduro, en platos dulces o salados, crudo o cocido. El mayor uso es en mermeladas, jaleas, confituras y sorbetes. También en ensaladas, como entremeses o en guarnición de carnes y pescados. La preparación más famosa es sin duda el chutney de mango. Pero hoy, para la mayoría, comerse un mango agarrado de la mata, incluso verde o pintón, es esperanza de vida, aunque sea por unos días más. Mientras dure la cosecha.

Postre
¿Qué le dará el general a Margarita, la de Petare, cuando se acaben los mangos, ya, dentro de poco?


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