19 de Enero, 2018





Misión Gula de Miro Popic
La yuca amarga y la F.A.O.
20-08-16


No sé si el representante de la F.A.O., organismo de las Naciones Unidas que se encarga de la agricultura y la alimentación, está enterado de lo que ocurre en Venezuela con la comida. Leo entre sus documentos que uno de sus objetivos es: “alcanzar la seguridad alimentaria para todos y asegurar que las personas tengan acceso a alimentos de buena calidad que les permitan llevar una vida activa y saludable”. No sé dónde hace mercado ni qué periódicos lee el señor que se ocupa en Caracas de informar a sus superiores de la realidad de los que vivimos a diario en estos días de nunca acabar, pero por si no lo sabe aquí le reseño un suceso ocurrido hace pocos días en el estado Monagas del cual me gustaría conocer su posición: “Tres menores de edad fallecieron por consumir yuca amarga”. El suceso fue confirmado por la Autoridad Única de Salud en Monagas, Aurora Navas, y ocurrió en el Hospital Universitario Manuel Núñez Tovar Humnt. La información asegura que “es el octavo caso colectivo de envenenamiento y suma un total de 28 personas contaminadas, la mayoría residentes de los municipios Maturín, Sotillo y Santa Bárbara”.

Primer plato
La yuca amarga es nuestro alimento original, incluso más antiguo que el maíz, con que los pueblos amazónicos y orinoquenses iniciaron su vida en la parte norte del sub continente. Eso comenzó hace unos cuantos miles de años, cuando lograron descifrar el misterio de los compuestos tóxicos que se originan al descomponerse los glucósidos cianogénicos que se encuentran en la manihot esculenta. Ellos no sabían de qué se trataba, pero desarrollaron la primera tecnología alimentaria del mundo al transformarla en casabe, utilizando un rayador y un sebucán, que equivale a lo que es hoy el thermomix con que sueñan todos los cocineros. Eso ocurrió aquí, al sur del Orinoco, y fue gracias a ese casabe que los taínos y caribes se adueñaron en islas y costas con las que los españoles se tropezaron en 1492, empleando ese mismo pan indígena para sus propias excursiones de conquista y colonización.
Despreciado por siglos por los dueños de la tierra y olvidado por los cocineros, el casabe se ha puesto de moda y ahora es considerado un alimento fino que acumula una serie de bondades. Se trata de un alimento rico en fibra dietética y los expertos aseguran que existe una relación directa entre su ingesta y el control de triglicéridos, colesterol y glicemia, además de ayudar a prevenir el cáncer de colon y de recto. ¿Han visto como ha subido de precio últimamente? Ni hablar de la yuca, que está más cara que la papa, cuyo consumo se está convirtiendo en un verdadero lujo. Al casabe se le dan hoy tratamiento de gourmet y lo presentan finamente envuelto en celofán.

Segundo plato
La yuca amarga en nuestra historia libertadora fue causa de fusilamiento para quien la consumía. Mientras los pobladores de oriente no podían vivir sin ella, los de occidente la desconocían totalmente y muchos soldados andinos que se incorporaron a la lucha, desesperados y muertos de hambre, recurrían a ella ignorando el carácter mortal de su consumo si no es tratada adecuadamente. Una orden del 31 de mayo de 1821, del propio Simón Bolívar, previa a la batalla de Carabobo que sellaría la Independencia de Venezuela, establecía 25 palos al soldado a quien se le encontrase yuca o se le descubriese comiéndola y pena de fusilamiento al que se enfermase por haberla comido, luego de que se restablezca. Si eras soldado, te podías morir por comer yuca… o por haberla comido. En el bando contrario la situación era peor. Los soldados españoles que llegaron a combatir a los patriotas odiaban la ración de combate y según cuenta el propio general Pablo Morillo, el mal estado de sus tropas se debía al consumo del maldito casabe, muchas veces único sustento de los realistas.

Postre
No creo que el representante de la F.A.O. que se negó a recibir a la diputada Manuela Bolívar conozca esta parte de nuestra historia. Si ni siquiera sabe lo que ocurre hoy. De todas maneras, le puedo obsequiar alguno de mis libros para que se entere de por qué comemos lo que comemos y, si lee Tal Cual, podría saber por qué estamos como estamos.









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