17 de Enero, 2018





Misión Gula de Miro Popic
La hallaca en extinción
11-12-16


Buscando halladas según Kees

Si veo que una persona no come hallacas en diciembre, puedo tener la certeza de que esa persona no es venezolana. Desde siempre, incluso desde antes que nos llamáramos venezolanos, ya envolvíamos en hojas la masa del maíz para alimentarnos. Hoy, cuando no sabemos siquiera si vamos a comer mañana, nuestra hallaca corre el riesgo de hacernos desaparecer.

Primer plato
La transición de la hallaca de condumio cotidiano a ritual decembrino, ceremonial y extraordinario, escapa de lo alimentario y se enmarca en los procesos socioculturales que se produjeron con el rompimiento colonial, el advenimiento de la república, las guerras del siglo XIX, la transformación urbano rural de la sociedad y la democratización política.
A comienzos de la era republicana la hallaca era de consumo regular en los diferentes estratos sociales. Francisco de Miranda le contó a un funcionario de Coro, en 1806, que “… su ordinario almuerzo en la casa de su padre hera (sic) ayaca (sic), olleta, mondongo y ayaquita (sic) con diversidad de días, y que hacía treinta años que no lo probaba”. Según él, eso era lo que se comía regularmente ya en 1776, cuando Venezuela como país independiente existía sólo en el deseo de unos pocos.
La hallaca era ya, en esos años, un hábito alimentario que identificaba la sociedad de un país desarticulado, lejos aun de constituirse en nación, carente en consecuencia de una cocina nacional. El deterioro alimentario producto de las guerras del siglo XIX alteró las costumbres heredadas de la sociedad agraria colonial y la hallaca pasó a ser comida de domingo, de días festivos, hasta establecerse como ritual navideño, expresando con su ingesta un sentimiento social más que religioso.
La celebración cristiana que llegó con los españoles, es insuficiente para explicar esta transformación. Hay que buscarla en la cruda realidad que dejó al país sin aparato productivo, sin agricultura, sin comercio, sin circulación monetaria, sin mano de obra, lo que se tradujo en hambre pura y simple. Lo que fue comida rural de todos los días, rica y contundente, quedó para fiestas religiosas donde la más importante era la celebración del nacimiento de Jesús.

Segundo plato
Ya en 1852 el Consejero Lisboa, en Reseñas de un viaje a Venezuela, Nueva Granada y Ecuador, daba cuenta de que luego de la misa de medianoche del 24 se hacía una cena generosa “… en la que es de rigor que figure la ayaca (sic), especie de pastel de carne con pasas, muy caliente y cubierto con pasta de maíz”. Para finales de siglo XIX numerosos escritos hablan de las “tradicionales hallacas navideñas”, “la reina de las fiestas navideñas”, incluso hasta de “hallacas trufadas para la noche buena”.
Era algo más que una mera celebración. La evolución de los usos y costumbres en la mesa se tradujeron también en cambios en el conjunto de las relaciones humanas y la hallaca se hizo familiar, vinculante, integradora, se convirtió en una manifestación de sentimientos en que los individuos se reconocen como miembros de la comunidad, contribuyendo a consolidar la estructura social, dándole una razón cultural a lo que se come.
El contenido de la hallaca no sufrió mayores modificaciones, los cambios son de orden tecnológico y social: se pasó del fogón a leña a la cocina de kerosén, gas o eléctrica; la masa hecha con maíz pilado se simplificó con la aparición de la harina precocida de maíz; el aumento del poder adquisitivo hizo posible la adquisición de ingredientes que antes eran exclusivos de los adinerados; la incorporación de la mujer a las tareas productivas la sacó del hogar haciendo que lo complejo de la elaboración de la hallaca quedara relegado a ocasiones importantes con la participación del grupo familiar. Esta interacción con otros grupos generó una toma de conciencia de lo que se es y se tiene y al compartir preferencias y aversiones, modos de comportarse, hábitos alimentarios, etcétera, se creó un sentido de pertenencia e identidad donde la hallaca es el símbolo alimentario llevado a su máxima expresión.

Postre
Si no comemos hallacas este diciembre, dejaremos de ser venezolanos.


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